El Gobierno federal mexicano decidió tomar un camino similar al de la ciudad de Shenzhen, una población de 30,000 habitantes donde abundaba la pobreza, y que tuvo un despunte radical con la creación de una Zona Económica Especial (ZEE) en 1980, que la llevó a convertirse en la cuarta urbe con mayor Producto Interno Bruto (PIB) de China, sólo después de Shanghai, Beijing y Guangzhou.

De este lado del planeta, el proyecto apenas empieza. El objetivo es cerrar la brecha de desigualdad que hay entre el Norte-Bajío y el Sur-Sureste del país, región donde habitan 20 de cada 100 personas en condición de pobreza extrema del país y donde sólo dos de cada 10 de sus trabajadores laboran en el sector formal.

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