El metal precioso cotiza por debajo de los 1,300 dólares y regresa a los niveles cercanos al triunfo del «Brexit» debido a los miedos a la subida de tipos y al ascenso del dólar.

Los bancos centrales siguen teniendo en sus manos el rumbo de los mercados. Aunque las materias primas y los metales preciosos siempre han cotizado al margen de las decisiones de los grandes mandatarios internacionales, la volatilidad se ha sumergido en un mercado que a lo largo del año se había mostrado resistente ante cualquier varapalo. El oro, uno de los activos refugio por excelencia, ha replegado sus alas hasta volver a los niveles a los que cotizaba durante la jornada del Brexit, el pasado 23 de junio.

Siete caídas consecutivas en las últimas sesiones han bastado para que el metal precioso se baje de los 1,300 dólares por onza, después de haber pasado tres meses refugiando a los inversionistas de las tormentas que se desataron en los mercados tras la celebración del referéndum británico.

Y es que los últimos mensajes por parte de los miembros de la Reserva Federal han animado el comportamiento del dólar, que cotiza de manera inversa al metal precioso. De hecho, los signos de una pronta subida de tipos en EU llevaron al oro a registrar ayer su mayor caída desde junio del año pasado, al dejarse un 3.29 por ciento.

EL ECONOMISTA