El 8 de noviembre la nación más poderosa del mundo tendrá nuevo presidente y veremos si Donald Trump se sale con la suya y conquista la Casa Blanca o si Hillary Clinton puede desbancar al magnate.

La victoria de Hillary Clinton ahora depende de la falta de disciplina de su oponente. El final de las elecciones estadounidenses está a la vista. Dentro de cincuenta días sabremos si Donald Trump ha causado el choque político más grande en la historia de EU. Hay que reconocer que las increíbles habilidades populistas de la estrella de telerrealidad le han permitido llegar lejos. Ahora Hillary Clinton es lo único que se interpone entre el mundo y el abismo “Trumpiano”.

Desgraciadamente, Clinton tiene que lograrlo mientras se recupera de neumonía. Es casi impensable que en este momento se sienta obligada a lanzar otra campaña para explicarles a los votantes por qué quiere ser presidente. ¿Qué ha estado comunicando durante este año? ¿O durante esta década? Como dice la canción, “Si todavía no me conoces…”.

Se puede decir con seguridad que Clinton no está a punto de sacar un conejo de la chistera. Los votantes tendrán que acoger sus temas de campaña sobre construir puentes en lugar de muros y ser más fuertes juntos. Aunque tales sentimientos son laudables, son peligrosamente anodinos. Sólo le comunican al electorado lo que no es Clinton: ella no es Donald Trump. No nos dicen mucho acerca de lo que ella va lograr.

EL FINANCIERO